sábado, 11 de mayo de 2013

El teatro del fútbol


DXT, sábado 11 de mayo 2013

El teatro del fútbol

La falta de profesionalidad en el mundo del deporte cada día es mayor. Siempre creo que no me puedo sorprender más con las situaciones que van surgiendo en nuestro país relacionadas con esto, pero no, estoy equivocada. Siempre es posible ir a más. Si el deporte español destaca por tener buenos deportistas a nivel individual o de equipo, también lo hace por la corrupción que no solo se vive en los temas políticos, sino también en los despachos.

Un problema importante se da cuando un entrenador no sabe separar términos personales de los profesionales, y aparta a jugadores del equipo por el simple hecho de que no le guste a título personal. No tenemos que irnos al banquillo del Real Madrid para tener que localizar un ejemplo, más cerca ya lo tenemos. Hasta tres jugadores del Fabril han sido apartados desde el mes de junio por incompatibilidad de carácter con el entrenador, siendo tan válidos como cualquiera de sus compañeros. Y tomo esto como punto de inicio para ver que si estas cosas básicas se consienten, ¿qué se puede esperar de las más graves?

Otra cosa que no entiendo. Cada día son más las personas que se forman para trabajar en la gestión deportiva y con programas realmente buenos que garantizan una capacidad profesional completa. Por lo cual, es contradictorio con que se mantengan en algunos puestos de responsabilidad personas que hacen las cosas por impulsos sin pensar en las consecuencias. La Liga de Fútbol Profesional, como su propio nombre indica, debería ser profesional y poner fin a las acusaciones que no paran de salir estos días en cuanto a apuestas y partidos comprados. No sólo perjudica a la imagen del club acusado, en este caso, puede ser el Deportivo, al que se ha señalado directamente y sin pruebas, sino que también perjudica totalmente la imagen de un organismo que pretende ser referencia para el resto de Ligas del continente. Y lo peor no sólo son las cosas que salen a los medios de comunicación, sino que detrás de la gestión de la Liga, hay muchas incoherencias que tratan de ocultar. El fútbol se ha convertido en un negocio. Un teatro donde dos o tres intentan mover a todo el país a su antojo para beneficiar sus intereses personales.

Si desde que en el mes de agosto, cuando da comienzo la liga, todos los procesos de control de partidos tuvieran el control adecuado, no llegaríamos al mes de mayo en esta situación. Empezando por sancionar a los árbitros que tienen más en cuenta los equipos que juegan que el partido en sí. Continuando por valorar más la calidad del juego que los intereses económicos. Para exigir profesionalidad, hay que empezar por ser profesional desde el principio.

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