domingo, 20 de enero de 2013

Las dos caras de la Ley Concursal


DXT, Sábado 19 de enero 2013 


Las dos caras de la Ley Concursal


Si hay un punto para partir la competición y poder hacer balance de manera igualitaria entre pasado, presente y futuro, este es el momento adecuado. El punto medio del calendario liguero en el que estamos actualmente, da la oportunidad para poder empezar, en medida de lo posible, de cero. Con un lavado de cara tanto en el sistema de administración como en el área técnica, quedan en juego 57 puntos, un margen amplio para recuperar los suspensos acumulados y alzar el vuelo otra vez.

Sin embargo, la temida Ley Concursal, para muchos que desconocen la totalidad de su significado, planea sobre el club como una amenaza, pero ni el Deportivo es el primero ni, por desgracia, será el último. La repercusión mediática para intentar evitar la entrada en el procedimiento ha tildado a la situación de mayor gravedad de la que realmente tiene. 

No hay que olvidarse que ante todo, un equipo de fútbol funciona como una empresa y por ello se acoge a la legislación mercantil, por lo que los auditores de cuentas son un órgano totalmente integrado en sus procesos. Todos los equipos profesionales, desde 1990, han tenido la obligación de transformar su forma jurídica como requisito indispensable para poder participar en competiciones oficiales. Exentos solamente Real Madrid, FC Barcelona, Athletic de Bilbao y Atlético Osasuna. Si las condiciones establecidas en el marco deportivo son iguales para todos los participantes en la Liga, lo mismo debería ocurrir en el ámbito jurídico.

Con esta modalidad, una Sociedad Anónima Deportiva tiene la capacidad de cotizar en bolsa para aprovechar así la inversión de sus accionistas. En Inglaterra, casos como el del Manchester United, que consiguió multiplicar por diez sus beneficios fueron el ejemplo que se quiso seguir, pero no siempre se cuenta con la gestión adecuada, porque se considera que el conocimiento necesario es inferior al que realmente necesita un club para sobrevivir de manera holgada. La falta de información, también es un factor que hace difícil el correcto funcionamiento de estas acciones.

Lo que se creaba como opción para ampliar margen de beneficios y crear negocio con algo que mueve a miles de personas en todo el mundo. Los socios pasan a verse como accionistas potenciales. El fútbol pasa a un segundo plano y el comprar dichas acciones se mira como forma de aumentar ingresos y no como participar en el crecimiento del equipo que se sigue.

La situación a la que se ha llegado era previsible. La carrera de llegar primeros al mes de junio iba paralelamente: las cuentas por un lado, el recorrido deportivo por otro.

La transformación fiscal ha buscado nuevamente la dualidad de la gestión, dejar a un lado el fútbol, el juego y la esencia del deporte como tal para pasar a ser un negocio con trabajadores que no sienten los colores ni disfrutan de cada uno de los pequeños detalles de cada jornada de Liga, haciendo disfrutar a todas esas personas que paran su vida para atender durante 90 minutos al manejo de un balón y el sentimiento y emoción que debería crear. 

Los intereses de los altos cargos pasan por encima de los aficionados, por los que cada vez miran menos y que al fin y al cabo, son el punto básico para que el deporte sea el espectáculo que es.


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