lunes, 2 de julio de 2012

Sesenta Segundos


DXT, Sábado 30 de junio 2012

Sesenta segundos

Franceses sí, españoles no. Casualmente, otra vez duelo entre vecinos en el centro de los informativos, pero esta vez por un minuto. De verdad que yo no entiendo qué criterio es el que se sigue para autorizar este tipo de gestos, como son los brazaletes negros y los minutos de silencio.

¿Por qué un periodista francés sí y un futbolista español no? Casualmente, Thierry Roland, el informador galo fallecido durante esta competición era amigo íntimo de Michele Platini. La diferencia es, que un jugador que ha compartido vestuario con los futbolistas de una Selección participante (como el caso de Busquets) o que mantenía relación personal con más de uno (Cesc, Piqué…) parece que “no vale” lo mismo que los amigos del jefe. Si es que el que manda, manda. Nada como los golpes de autoridad para personalizar las cesiones de minutos en estos partidos.

Una decisión totalmente incomprensible hasta que sale a la palestra otro factor: La RFEF se “olvidó” de realizar la petición. La lógica se aleja mucho de la realidad si pensamos que rechazar esta petición es la imagen de respeto que ofrecen hacia el máximo referente del organismo que dirigen: los futbolistas.
Pero como siempre, cada uno explica a su manera. Villar se resguarda en que la petición fue verbal y recibió al momento la negativa, por eso no se formalizó dicha solicitud, y Platini afirma que no se aceptó porque no se recibió una petición normal.

¿Quién tiene razón? O dos rechazos (Miki Roqué y Preciado) o dos olvidos. Otras fuentes aseguran que Villar ya no lo solicitó en su día por Manolo Preciado porque sabía que recibiría una negativa. Vamos, que el hombre tiene la capacidad de predecir el futuro y con ello se ahorra dar orden de redactar una nota formal (encima, ni él es el que se encarga de estas cosas). Desde la propia Federación me han confirmado que este tipo de pasotismo de Villar es algo más que normal. Además tener el “gusto” de conocerlo personalmente me confirma que la versión es totalmente adaptable a su forma de actuar.

Con este debate me indigno yo sola. Supongo que de ser por otra persona mi opinión sería la misma, pero se me duplica el enfado cuando se trata de un amigo. Dos días enteros de lágrimas, donde se alternaban los recuerdos de momentos vividos con una persona como él: luchador, optimista. Siempre sacando el lado positivo de las cosas. Es muy duro ver cómo una persona de tu misma edad se destruye por un cáncer. Sí, de mi misma edad, un niño con toda la vida por delante. Coger el móvil, ver la última conexión, y saber a ciencia cierta que la respuesta emitida sería un “estoy bien!!!!”, o algo similar, aún sabiendo que ése podría ser su último día de vida.

No es el primero, y por desgracia, no creo que sea el último. Esto me hace recordar lo dura que es la vida de un deportista de élite. Un año aquí, un año allí. Nueva vida cada diez meses, o incluso menos. Nueva ciudad, nueva adaptación. Y en la mayoría de los casos, tú solo. Tu vida se reduce al ámbito de tu trabajo y tus momentos se miden por temporadas. Perderte los cumpleaños de tus familiares, nacimientos de tus sobrinos o las salidas con tus amigos del pueblo que han crecido contigo. Vivir tu adolescencia lejos de casa, echar de menos a tu madre y saber que, aunque quieras, vas a tardar horas en poder abrazarla. Tener que sacrificar en algunos casos estudios universitarios o saber que nunca podrás tener un verano totalmente libre de responsabilidades como el resto de tu entorno.

En el caso de Miki, ha tenido un año, solamente un año, para recuperar su vida en Tremp. El momento de recibir una mala noticia de esta envergadura fue para él a la vez un momento positivo. Volvía a casa. Volvía con toda la fuerza del mundo para disfrutar de su familia, de su hermana a la que adoraba, de su sobrino, de sus amigos. Disfrutar mientras luchaba con una enfermedad que le ganó el pulso. Prohibió, con una sonrisa y con las mejores palabras, que nadie estuviera mal por él. Él iba a salir como le correspondiese acabar. Vivió su vida de la manera más feliz que pudo: con el fútbol. El deporte en algunos casos, da la felicidad que necesitas para olvidar que no tienes la vida que buscaría cualquier persona cerca de los suyos. Como bien dijo su madre: “Nos ha dado una lección a todos”. 

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