jueves, 5 de abril de 2012

Los árbitros: Una raza diferente


DXT, 24 de Marzo 2012

Los árbitros: Una raza diferente

Otra nueva sesión de polémica arbitral es lo que nos ha dejado la jornada de fútbol de esta semana. Y es que el Real Madrid, una vez más, expresó su disconformidad con el colegiado. Paradas Romero está siendo el centro de críticas de todo el madridismo durante estos días por su actuación del Madrigal, centrada principalmente en las expulsiones.
Y es que algunos clubes deberían mantenerse al margen y callarse en este tema. Tan importantes se creen que hacen ver al resto del planeta que todo gira en torno a ellos, en torno a las persecuciones inexistentes para perjudicarles y robos solo visibles por ellos mismos.
Cierto es que el club blanco, desde la llegada al banquillo de Mourinho, es el equipo de la Liga BBVA que más expulsiones suma, pero tampoco hay que creerse que todas son inmerecidas. ¿Tendrá algo que ver su entrenador en estas actitudes de juego sucio? La verdad es que su técnico incita a la polémica, a las malas formas y a jugar de la forma menos deportiva posible, atacando a todo el que se ponga delante, tanto a agarrones, patadas y lo que se precise oportuno sobre el terreno de juego, como a la retahíla de perlas que suelta micrófono en mano. Añadiendo esto a que es el primero en crear enfrentamiento a la mínima ocasión, comparando minuciosamente todas las actuaciones arbitrales de su equipo con el eterno rival. Y es que cuando no ganan, emplea toda la rapidez posible para buscar inmediatamente un culpable, ¿y quién mejor que el árbitro?
Aunque hay que admitir que los árbitros muchas veces no aciertan en sus decisiones, me gustaría saber hasta qué punto llega su aguante. Su trabajo requiere mucha sangre fría. Desde el principio es bueno mentalizarse de que hagas lo que hagas te van a criticar, o bien de un lado, o bien del otro. Pocos hay que se van de rositas después de un partido donde sumar puntos sea vital para alguno de los dos equipos.
Pero parece ser que cuanto menor es la categoría, menor es este límite. Y a las pruebas me remito. Hace escasos diez días, un árbitro de la Segunda catalana, decidió poner fin a los insultos recibidos durante el encuentro, subiendo a la grada para encararse con el público que lo criticaba minutos antes, llegando incluso a agredir a algún aficionado, pudiendo costarle esto su carrera arbitral. ¿Extraño? Para nada. Cosas de estas en categorías regionales y autonómicas, a cientos. Desde pinchar las ruedas del coche del árbitro hasta tener que solicitar la presencia de un delegado federativo para que vele por su seguridad.
A este paso, tendrán que plantearse recalificar esta profesión como alto riesgo. Cualquiera se arriesga a salir a un campo de fútbol lleno de gente con los nervios a flor de piel tal y como está el patio. Y peor me lo pones si es un derbi.
Y que siga así. Que sean los grandes quienes ocupen los centros de polémicas, que mientras tanto, nosotros tranquilos en Segunda, donde visto lo visto, se ve mejor fútbol y menos teatro que en Primera. 


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